Las murallas de Cádiz no fueron construidas de una sola vez, ni responden a un único proyecto. Lo que hoy identificamos como el recinto amurallado de la ciudad es el resultado de más de dos siglos de obras, reformas, ampliaciones, reconstrucciones y refuerzos, realizadas entre el siglo XVI y finales del siglo XVIII, con algunas actuaciones defensivas que continuaron durante el XIX.

La respuesta a la pregunta de cuánto tiempo costó construirlas depende, por tanto, de dónde situemos el comienzo y qué entendamos por “murallas de Cádiz”.

Si tomamos como referencia la transformación de la antigua cerca medieval en una auténtica fortificación moderna, el proceso comienza en el siglo XVI, con las primeras defensas adaptadas a la artillería y los primeros baluartes. Si tomamos como punto de partida la gran reconstrucción posterior al saqueo de 1596, las obras principales arrancan en 1598. Y si buscamos las últimas grandes defensas del recinto urbano, encontramos construcciones terminadas en 1784, como las Murallas de San Carlos.

Estamos hablando, por tanto, de aproximadamente dos siglos de evolución de la fortificación abaluartada, desde las primeras transformaciones del siglo XVI hasta las últimas grandes obras del XVIII.

Pero la historia es mucho más interesante que una simple fecha de comienzo y otra de final.

1. Cádiz ya estaba amurallada antes de las murallas abaluartadas

Para entender las fortificaciones modernas hay que empezar antes.

Cádiz tenía una tradición defensiva mucho más antigua. La ciudad medieval disponía de una cerca que protegía el núcleo urbano, pero aquella muralla había sido diseñada para un tipo de guerra muy diferente.

Durante la Edad Media, las murallas servían fundamentalmente para impedir que un ejército pudiera entrar directamente en la ciudad mediante asalto.

La aparición y generalización de la artillería de pólvora cambió completamente las reglas.

Los muros altos y relativamente delgados de las fortificaciones medievales podían ser castigados por los cañones. Por ello, durante los siglos XV y XVI comenzó a desarrollarse en Europa un nuevo sistema de fortificación.

Nació así la denominada fortificación abaluartada, caracterizada por muros más bajos y gruesos, terraplenes, fosos y, sobre todo, baluartes.

Un baluarte era una estructura que sobresalía del recinto y permitía colocar artillería de manera que pudiera defender tanto el frente como los laterales de los muros.

La defensa dejaba de consistir únicamente en impedir que alguien escalara la muralla.

Ahora había que crear un sistema capaz de batir con fuego de artillería las zonas desde las que el enemigo pudiera aproximarse.

Cádiz, por su extraordinaria importancia marítima y estratégica, necesitaba adaptarse a esa nueva realidad.

2. El siglo XVI: comienzan las grandes transformaciones

El primer gran periodo de transformación de las defensas gaditanas corresponde al siglo XVI.

La ciudad estaba creciendo y su antigua cerca medieval comenzaba a resultar insuficiente.

El problema tenía dos dimensiones.

Por una parte, Cádiz estaba adquiriendo una importancia comercial y marítima cada vez mayor.

Por otra, su posición la convertía en un objetivo militar de enorme interés.

Era una ciudad atlántica, puerto de entrada hacia el Mediterráneo y punto estratégico para las comunicaciones marítimas con América.

El frente terrestre era especialmente vulnerable porque Cádiz estaba conectado con tierra firme mediante el istmo.

Por ello se hizo necesario reforzar precisamente ese punto.

La actual Puerta de Tierra conserva todavía parte de la memoria de aquel proceso. El Ayuntamiento de Cádiz sitúa en el siglo XVI la construcción de una nueva muralla en sustitución de la cerca medieval y señala 1574 como una fecha fundamental, cuando el ingeniero italiano Jacobo Fratín proyectó una ampliación con dos baluartes.

Esto significa que la fortificación abaluartada de Cádiz no comienza en 1598.

Ya en 1574 encontramos una intervención claramente relacionada con el nuevo sistema defensivo.

Y eso es importante.

3. 1596: el acontecimiento que cambió las defensas de Cádiz

Si 1574 representa uno de los primeros grandes pasos hacia la fortificación moderna, 1596 representa el gran punto de inflexión.

Ese año una fuerza anglo-neerlandesa atacó Cádiz.

La ciudad fue ocupada y sufrió un saqueo y una devastación muy importantes.

El ataque demostró que las defensas existentes no eran suficientes para proteger adecuadamente una ciudad cuyo valor estratégico había aumentado enormemente.

Las consecuencias fueron tan graves que Felipe II llegó a plantearse incluso alternativas extremas, como abandonar la ciudad o convertirla en presidio.

Finalmente se optó por algo completamente diferente:

fortificar Cádiz.

Tras el ataque fueron enviados a la ciudad importantes ingenieros, entre ellos Cristóbal de Rojas y Juan de Oviedo, para estudiar y proyectar la reconstrucción y las nuevas defensas.

Las obras comenzaron en 1598.

Ese año puede considerarse, por tanto, el comienzo de la gran etapa de construcción del sistema defensivo moderno que acabaría rodeando Cádiz.

4. ¿Qué se quería proteger?

La respuesta es sencilla: una ciudad estratégica y su puerto.

Pero la defensa de Cádiz tenía varios objetivos simultáneos.

Proteger la ciudad

Era necesario impedir que una fuerza enemiga pudiera desembarcar y entrar en el núcleo urbano.

Proteger el puerto

El puerto y la bahía eran esenciales para el comercio y para las operaciones navales.

Proteger las rutas americanas

La importancia creciente del comercio con América convertía Cádiz en un objetivo militar de primer orden.

Impedir un desembarco

La forma de Cádiz hacía especialmente peligrosas determinadas playas y zonas de costa.

Proteger el istmo

El acceso terrestre constituía un punto crítico.

Por eso se creó un complejo sistema en el que las murallas de la ciudad se combinaban con castillos, baluartes, baterías, fosos, revellines, glacis y fortificaciones exteriores.

No era una muralla aislada.

Era un sistema defensivo.

5. Las primeras grandes obras: Santa Catalina, San Sebastián y Puerta de Tierra

Después de 1596 se inició una auténtica carrera para convertir Cádiz en una plaza fuerte.

Entre las primeras grandes obras destaca el Castillo de Santa Catalina, cuya construcción comenzó a finales del siglo XVI, dentro de este proceso iniciado después del ataque.

Su forma pentagonal respondía precisamente a los principios de la fortificación moderna.

Otro punto fundamental fue San Sebastián, cuya posición en un extremo de La Caleta permitía controlar una zona particularmente delicada de la costa. Tras el ataque de finales del XVI, la antigua torre fue reconstruida en 1613, y posteriormente el conjunto evolucionó hasta convertirse en una fortificación abaluartada. (Ayuntamiento de Cádiz)

Mientras tanto, se trabajaba en el cierre del frente terrestre.

La Puerta de Tierra acabaría convirtiéndose en una de las piezas esenciales del sistema defensivo.

Pero todavía faltaban muchas décadas para que Cádiz pudiera considerarse completamente protegida.

6. El siglo XVII: Cádiz se convierte en una auténtica plaza fuerte

Durante el siglo XVII las obras continuaron prácticamente sin interrupción.

Es importante entender esto:

las murallas no se construyeron porque hubiera un único peligro concreto.

Se construyeron porque Cádiz se había convertido en un objetivo estratégico permanente.

España estaba involucrada en numerosos conflictos europeos y marítimos.

Los enemigos potenciales conocían perfectamente la importancia de Cádiz.

La ciudad necesitaba estar preparada para ataques procedentes del mar y de tierra.

Durante la primera mitad del siglo XVII se construyeron o consolidaron diferentes posiciones defensivas de la bahía, entre ellas San Lorenzo del Puntal y Matagorda. También se desarrollaron las defensas del frente terrestre.

La fortificación no consistía únicamente en levantar un muro alrededor de la ciudad.

Había que controlar la bahía.

7. El problema de La Caleta

Uno de los puntos más delicados era La Caleta.

La playa constituía un posible lugar de desembarco.

Los ingenieros militares comprendieron que una fuerza enemiga que consiguiera desembarcar allí podría amenazar directamente la ciudad.

Por eso el sector fue progresivamente fortificado.

Entre 1620 y 1630 se realizaron importantes obras de amurallamiento de esta zona, incluyendo el Baluarte de los Mártires. Además, el frente de La Caleta acabaría integrando las baterías de San Pedro y San Pablo y otras posiciones defensivas. (Defensas Bahía de Cádiz)

Un estudio arqueológico sitúa en 1621-1625 una fase especialmente importante de cierre de la línea costera entre Santa Catalina y la zona de la ermita, formando el denominado Frente de la Caleta.

Aquí se aprecia perfectamente cómo funcionaba la construcción de Cádiz:

no se levantaba una muralla completa y después se daba por terminado el trabajo.

Se iba cerrando y reforzando cada sector conforme se detectaban sus vulnerabilidades.

8. 1650-1660: reforzar las propias murallas

A mediados del siglo XVII todavía había problemas importantes.

Una cuestión especialmente interesante era la propia calidad de los muros.

El gobernador conde de Molina, durante su gobierno entre 1650 y 1660, impulsó el revestimiento de piedra y cal de las murallas.

¿Por qué?

Porque determinados tramos habían sido construidos con tierra y fajinas, materiales que sufrían enormemente con la lluvia y el ambiente marítimo.

La muralla de Cádiz no tenía solamente un enemigo humano.

Tenía otro enemigo permanente:

el agua.

La lluvia, la humedad, el viento, las mareas y, sobre todo, el oleaje castigaban continuamente las estructuras. (Defensas Bahía de Cádiz)

9. 1672: nuevas defensas frente al puerto

En 1672 se construyó el Baluarte de la Candelaria, una de las piezas más conocidas de las defensas gaditanas.

Su misión estaba relacionada con la protección del canal de entrada al puerto.

También pertenecen a esta etapa las defensas de San Pedro y San Pablo, así como los baluartes del Orejón y Capuchinos. (Defensas Bahía de Cádiz)

El sistema iba adquiriendo una complejidad cada vez mayor.

Cádiz estaba rodeándose de una auténtica cadena de posiciones artilleras.

10. ¿Por qué se construían tantos baluartes?

Porque una muralla recta tenía una debilidad fundamental.

Si el enemigo se situaba junto a ella, los defensores tenían dificultades para disparar contra quienes atacaban la base del muro.

El baluarte solucionaba este problema.

Su forma saliente permitía que los cañones disparasen de lado sobre las zonas situadas delante de las murallas.

Así, un atacante no podía acercarse fácilmente a un tramo sin quedar expuesto al fuego procedente del baluarte vecino.

Por eso las fortificaciones se diseñaban como un conjunto geométrico.

Baluartes.

Cortinas.

Fosos.

Revellines.

Glacis.

Caminos cubiertos.

Baterías.

Cada elemento tenía una función dentro del conjunto.

La muralla de Cádiz era, en realidad, una enorme máquina defensiva.

11. El siglo XVIII: la gran reforma de las defensas

Llegamos al siglo XVIII, probablemente el periodo más importante de la historia de las fortificaciones gaditanas.

Cádiz se había convertido ya en el principal centro del comercio americano.

Y eso hacía todavía más importante su protección.

En esta época destaca especialmente el ingeniero Ignacio Sala, director de las obras de fortificación de Cádiz durante muchos años.

Sala estudió y reformó profundamente el sistema defensivo, especialmente el Frente de Tierra.

En 1728 presentó un proyecto para reformarlo, porque la configuración heredada del siglo XVII presentaba deficiencias. La obra coronada tenía problemas de altura, cimentación y protección. (Junta de Andalucía)

La reforma del Frente de Tierra se convirtió en una de las grandes empresas de la ingeniería militar gaditana.

12. La Puerta de Tierra adquiere su aspecto definitivo

La actual Puerta de Tierra es, en realidad, el resultado de varias generaciones de obras.

Su origen está en el siglo XVI.

En 1574 se reforzó con dos baluartes.

Después del desastre de 1596 fue nuevamente integrada en los grandes proyectos defensivos.

Durante el siglo XVIII sufrió nuevas transformaciones.

Finalmente, su monumental portada de mármol quedó vinculada a las obras de mediados del siglo XVIII, con fecha de 1756. (Turismo Cádiz)

Esto explica una aparente contradicción.

Cuando contemplamos hoy la Puerta de Tierra, parece una construcción única.

Pero no lo es.

Es el resultado visible de varios siglos de fortificación.

13. El gran enemigo inesperado: el mar

Hay una característica de Cádiz que hace extraordinaria su historia militar.

La misma razón que hacía poderosa a la ciudad —su relación con el mar— también dificultaba enormemente la construcción de sus murallas.

La denominada muralla del Vendaval, en el frente marítimo del Campo del Sur, sufrió durante siglos los ataques del océano.

Los ingenieros tenían que construir sobre un terreno extraordinariamente difícil.

Los temporales destruían tramos enteros.

Se intentaban nuevas soluciones.

Se construían contramuros.

Se colocaban escolleras.

Se modificaban perfiles.

Se estudiaba cómo hacer que las olas perdieran energía antes de alcanzar directamente la muralla.

La construcción de esta defensa se convirtió en una lucha de generaciones contra el mar. (Junta de Andalucía)

14. Una muralla que tardó siglos en cerrarse

Este es uno de los aspectos más sorprendentes.

No podemos decir simplemente:

“Las murallas de Cádiz se construyeron entre 1598 y una determinada fecha”.

Porque diferentes sectores se encontraban en situaciones completamente distintas.

El frente terrestre podía estar fortificado mientras otros sectores costeros seguían siendo problemáticos.

Un baluarte podía estar terminado mientras la cortina que debía conectarlo con otro todavía estaba incompleta.

Y una muralla podía estar construida pero necesitar posteriormente importantes obras de reparación.

Por eso resulta más correcto hablar de una construcción por fases.

15. Las Murallas de San Carlos: una de las últimas grandes defensas

Si buscamos una de las últimas grandes piezas del sistema defensivo urbano, encontramos las Murallas de San Carlos.

Su construcción terminó en 1784.

El Ayuntamiento de Cádiz las identifica expresamente como unas de las últimas defensas levantadas para proteger la ciudad. El conjunto tenía originalmente 55 bóvedas y podía albergar cerca de un centenar de piezas de artillería. (Ayuntamiento de Cádiz)

Su construcción estaba relacionada con las nuevas necesidades del frente marítimo y portuario.

En 1781 se aprobó la construcción del semibaluarte de San Carlos, cerca del antiguo baluarte de San Felipe, que estaba muy deteriorado.

La nueva fortificación aumentaba la capacidad artillera y protegía el frente marítimo y la entrada al puerto. Las obras concluyeron en 1784. (Defensas Bahía de Cádiz)

Por tanto, 1784 es una fecha fundamental si queremos identificar una de las últimas grandes obras de fortificación del recinto urbano gaditano.

16. Pero todavía quedaba la lucha contra el Vendaval

Aquí aparece una segunda precisión importante.

Aunque San Carlos terminó en 1784, las obras defensivas de Cádiz no desaparecieron ese año.

La muralla del Vendaval continuó siendo un problema.

Después de numerosos intentos, el ingeniero Tomás Muñoz consiguió ejecutar una nueva solución entre 1787 y 1791, construyendo aproximadamente 1.050 varas de muralla en unos cuatro años. (ResearchGate)

Pero el éxito duró muy poco.

En 1792, un temporal provocó daños extraordinariamente graves.

La muralla tuvo que enfrentarse una vez más al enemigo que no podía ser derrotado mediante cañones:

el Atlántico.

Este episodio demuestra que hablar de una fecha concreta de “finalización de las murallas de Cádiz” puede resultar engañoso.

17. Entonces, ¿cuántos siglos costó construir las murallas?

La respuesta más rigurosa es:

Aproximadamente dos siglos de construcción y transformación de las grandes fortificaciones modernas.

Podemos establecer una cronología simplificada:

PeriodoFase
Siglo XVITransformación de la antigua cerca medieval y primeras defensas abaluartadas
1574Primera gran ampliación de Puerta de Tierra con dos baluartes
1596Saqueo anglo-neerlandés: gran punto de inflexión
1598Comienzo de la gran reconstrucción y fortificación posterior al saqueo
Siglo XVIIConstrucción y conexión progresiva de baluartes, castillos y murallas
1620-1630Importantes obras en La Caleta
1650-1660Refuerzo y revestimiento de las murallas
1672Baluarte de la Candelaria y nuevas defensas portuarias
Siglo XVIIIGrandes reformas y ampliaciones
1728Proyecto fundamental de Ignacio Sala para el Frente de Tierra
1751-1756Gran reforma del Frente de Tierra y configuración monumental de Puerta de Tierra
1784Finalización de las Murallas de San Carlos
1787-1791Nueva gran intervención en la muralla del Vendaval
1792Graves daños por temporal

18. ¿Cuál fue la primera y cuál fue la última?

Aquí también debemos ser precisos.

La primera fase

La primera transformación moderna importante del frente de tierra se sitúa en el siglo XVI, y especialmente en 1574, cuando Jacobo Fratín proyectó dos baluartes para reforzar la zona de Puerta de Tierra. (Turismo Cádiz)

Pero las grandes obras que transformaron definitivamente Cádiz en una plaza fuerte comenzaron después del saqueo de 1596, a partir de 1598.

Las primeras grandes fortificaciones del nuevo sistema

Entre las primeras destacan:

Estas obras formaban parte de la transformación de Cádiz en una plaza fortificada moderna. (Ingeniería Civil)

Las últimas grandes defensas

Entre las últimas destacan especialmente:

Por tanto, si se pregunta por la última gran construcción defensiva urbana, San Carlos, terminado en 1784, es una de las respuestas fundamentales.

Si se pregunta por las últimas grandes obras de construcción y reparación del perímetro, hay que añadir el Vendaval y llegar hasta finales del siglo XVIII.

19. ¿Por qué hubo que reforzarlas tantas veces?

Por cuatro grandes razones.

1. La evolución de la guerra

Las armas de fuego y la artillería cambiaban constantemente.

Una fortificación considerada moderna en 1600 podía resultar insuficiente décadas después.

2. La importancia de Cádiz

Cuanto más importante era Cádiz comercial y militarmente, mayor era la necesidad de protegerla.

3. La amenaza marítima

Inglaterra y otras potencias marítimas constituían una amenaza permanente.

La ciudad podía ser atacada desde el mar y mediante desembarcos.

4. El propio mar

Y esta es quizá la característica más gaditana de todas.

Las murallas no solo tenían que resistir al enemigo.

Tenían que resistir el oleaje, los temporales, la erosión y los movimientos del litoral.

La historia de las murallas de Cádiz es, en buena medida, la historia de una lucha simultánea contra el hombre y el océano.

20. Una fortaleza construida durante generaciones

Por eso, cuando caminamos hoy por Cádiz y vemos sus murallas, baluartes y castillos, no estamos contemplando una obra perteneciente a un único reinado ni a un único ingeniero.

Estamos contemplando el resultado de varias generaciones de ingenieros militares, arquitectos, canteros, albañiles, artilleros, soldados y trabajadores.

Desde las primeras reformas del siglo XVI, pasando por la gran reconstrucción posterior a 1596, hasta las últimas grandes obras del siglo XVIII, Cádiz fue convirtiéndose poco a poco en una de las plazas fuertes más importantes del Atlántico español.

La secuencia histórica podría resumirse así:

siglo XVI: adaptación de la antigua ciudad medieval;

1596: el ataque demuestra la insuficiencia de las defensas;

1598: comienza la gran transformación defensiva;

siglo XVII: construcción y conexión de nuevos baluartes, castillos y baterías;

siglo XVIII: reforma y perfeccionamiento del sistema;

1784: terminan las Murallas de San Carlos, una de las últimas grandes defensas urbanas;

1787-1791: último gran esfuerzo para resolver el problema del Vendaval.

En consecuencia, las murallas abaluartadas de Cádiz no fueron construidas en unos pocos años.

Fueron el resultado de aproximadamente dos siglos de fortificación progresiva, con raíces en el siglo XVI, una transformación decisiva a partir de 1598 y grandes ampliaciones y reformas durante todo el siglo XVII y buena parte del XVIII.

Y quizá esa sea la mejor manera de comprenderlas.

Cádiz no construyó sus murallas una vez. Las construyó generación tras generación.

Cada ataque obligaba a reforzarlas.

Cada avance de la artillería exigía modificarlas.

Cada nuevo peligro marítimo requería nuevas baterías.

Cada temporal obligaba a reparar el frente costero.

Y cada vez que el comercio y el poder estratégico de la ciudad aumentaban, aumentaba también la necesidad de protegerla.

Por eso las murallas de Cádiz no son solamente una obra militar.

Son el testimonio de más de dos siglos de historia de una ciudad que necesitó defender su tierra, su puerto, su comercio y su posición estratégica frente a las grandes potencias marítimas de la Edad Moderna, mientras libraba al mismo tiempo una batalla interminable contra el propio océano.