En la historia de Cádiz existen fechas que marcan un antes y un después. Una de las más importantes es el año 1596.

Aquel verano, una gran escuadra anglo-neerlandesa apareció frente a la ciudad.

Por ello, el saqueo de Cádiz de 1596 convirtió la ciudad en objetivo de la expedición militar enemiga.

El ataque terminó con la ocupación, saqueo y destrucción parcial de la ciudad.

Pero las consecuencias fueron mucho más profundas que las pérdidas sufridas durante aquellos días.

El ataque de 1596 mostró a la Corona que Cádiz requería una transformación radical de sus defensas. En los años siguientes se iniciaron grandes proyectos de fortificación que, con ello, consolidaron la ciudad como una de las plazas fuertes más importantes del Atlántico español. El saqueo de Cádiz de 1596 evidenció el papel crucial de estas mejoras.

En cierto modo, las murallas y baluartes que hoy asociamos a Cádiz nacieron de las ruinas provocadas por aquel ataque.

Una ciudad que ya era demasiado importante para estar tan poco protegida

Para comprender por qué Cádiz fue atacada en 1596 hay que retroceder unas décadas.

Durante el siglo XVI, la ciudad había adquirido una importancia creciente gracias a su posición estratégica y a su participación en las rutas atlánticas.

Después del descubrimiento de América, los puertos andaluces se convirtieron en puntos fundamentales de comunicación entre Europa y el Nuevo Mundo.

Cádiz tenía una ventaja extraordinaria: estaba situada directamente frente al Atlántico y dominaba una de las zonas marítimas más importantes de la Península.

Los barcos que participaban en las rutas americanas pasaban por el entorno gaditano y la ciudad competía progresivamente con Sevilla por el protagonismo comercial.

El Ayuntamiento de Cádiz señala que el descubrimiento de América y el desarrollo de las rutas con el Nuevo Mundo marcaron profundamente la evolución de la ciudad durante los siglos XVI, XVII y XVIII. (Turismo Cádiz)

Pero había un problema.

La importancia de Cádiz había crecido mucho más rápidamente que sus defensas.

La ciudad seguía dependiendo en buena medida de estructuras defensivas que no estaban preparadas para soportar una gran operación militar de la época de la artillería.

Y los enemigos de España conocían perfectamente el valor estratégico de Cádiz.

España, Inglaterra y las Provincias Unidas

El ataque de 1596 no fue un episodio aislado de piratería.

Se produjo en el contexto de las guerras que enfrentaban a la Monarquía Hispánica con Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos.

La rivalidad tenía componentes políticos, religiosos, económicos y comerciales.

Inglaterra había comenzado a desafiar el poder marítimo español.

Las Provincias Unidas estaban inmersas en su larga guerra contra la Monarquía Hispánica.

Y las rutas españolas con América constituían uno de los grandes objetivos estratégicos.

Atacar un puerto como Cádiz significaba golpear simultáneamente:

El objetivo no era únicamente apoderarse de mercancías.

Era demostrar que incluso uno de los principales puertos españoles podía ser atacado.

Los documentos conservados por los Archivos Españoles describen precisamente el contexto de enfrentamiento entre España, Inglaterra y las Provincias Unidas y la importancia estratégica que tenía la defensa de las rutas americanas. (PARES)

La gran expedición de 1596

La expedición estaba dirigida por Robert Devereux, II conde de Essex, uno de los personajes más importantes de la Inglaterra de Isabel I.

La fuerza atacante era una combinación anglo-neerlandesa.

No se trataba, por tanto, de una incursión improvisada de corsarios.

Era una auténtica operación militar.

La flota llegó frente a Cádiz en junio de 1596.

La ciudad se encontró ante una fuerza naval considerable y, sobre todo, ante un enemigo que tenía capacidad para desembarcar tropas y atacar desde tierra.

La situación defensiva de Cádiz era deficiente.

Ese fue uno de los grandes problemas.

La ciudad tenía fortificaciones, pero no constituían todavía el poderoso sistema de murallas, baluartes y castillos que conocemos posteriormente.

El Cádiz de 1596 era, en muchos sentidos, una ciudad cuya importancia estratégica había superado a sus propias defensas.

El desembarco

Los atacantes desembarcaron en la zona de Santa María del Puerto, desde donde pudieron avanzar hacia Cádiz.

La defensa española tuvo dificultades para organizar una resistencia eficaz.

La superioridad de la expedición atacante y la situación de las defensas hicieron posible que las fuerzas anglo-neerlandesas penetraran en la ciudad.

Para Cádiz comenzó entonces uno de los episodios más dramáticos de su historia.

La ciudad quedó en manos de los atacantes.

La resistencia y la caída de Cádiz

Aunque hubo resistencia, la situación militar terminó siendo insostenible.

Las autoridades y las fuerzas defensoras tuvieron que enfrentarse a una operación que combinaba el dominio naval con el desembarco de tropas.

Una vez controladas las posiciones fundamentales, los atacantes pudieron entrar en la ciudad.

La caída de Cádiz puso de manifiesto una realidad que tendría consecuencias decisivas:

la ciudad no podía depender de unas defensas insuficientes si quería mantener su importancia estratégica.

La cuestión dejó de ser teórica.

Hasta entonces podían existir proyectos, informes y advertencias de ingenieros.

Después de 1596 existía una prueba evidente.

Un enemigo extranjero había conseguido entrar en Cádiz.

El saqueo

Después de la ocupación llegó el saqueo.

Las tropas vencedoras se apoderaron de bienes y mercancías y causaron importantes daños en edificios y propiedades.

El Archivo Histórico de la Nobleza y otros fondos documentales conservados por el Ministerio de Cultura describen el ataque de 1596 como una operación que produjo enormes daños en la ciudad, aunque los atacantes no consiguieron hacerse con el tesoro de la Flota de Indias. (PARES)

Este último aspecto es especialmente importante.

Uno de los grandes atractivos estratégicos de Cádiz era precisamente su relación con el comercio americano.

Pero la operación no consiguió el resultado económico que probablemente se esperaba en relación con la flota y sus principales cargamentos.

Eso no impidió que el daño causado a la ciudad fuese enorme.

El valor del ataque no se midió solamente en dinero.

Se midió también en prestigio, destrucción, pérdidas y, sobre todo, en la evidencia de que Cádiz podía ser vulnerable.

Una ciudad devastada

El saqueo afectó a edificios, viviendas, establecimientos y bienes particulares.

La población sufrió las consecuencias de la ocupación.

La ciudad quedó profundamente alterada.

Las fuentes del Ministerio de Cultura señalan las enormes pérdidas provocadas por el ataque. (PARES)

Pero quizá la consecuencia más importante no pueda medirse en dinero.

Fue psicológica y estratégica.

Cádiz había descubierto de la peor manera posible que su posición privilegiada también la convertía en un objetivo militar de primer orden.

Cuanto más importante fuese el puerto, más necesario sería protegerlo.

Por qué el ataque fue tan importante?

Porque demostró tres cosas.

Primera: Cádiz era un objetivo militar de primer nivel

Los enemigos de España sabían perfectamente que atacar Cádiz significaba atacar una pieza fundamental del sistema marítimo español.

Segunda: las defensas eran insuficientes

Las fortificaciones existentes no habían conseguido impedir la entrada de una fuerza enemiga poderosa.

Tercera: había que cambiar completamente el sistema defensivo

No bastaba con reparar algunos tramos.

Había que crear una auténtica plaza fuerte moderna.

Y ahí empieza una nueva etapa de la historia de Cádiz.

Felipe II reacciona: llega Cristóbal de Rojas

La respuesta de la Corona fue inmediata.

Después del ataque, Felipe II envió a Cádiz al ingeniero militar Cristóbal de Rojas para estudiar y proyectar las nuevas defensas.

El Ayuntamiento de Cádiz señala expresamente que, tras el saqueo anglo-neerlandés de 1596, el monarca encargó a Rojas un proyecto de defensa y que el ingeniero consideró prioritaria la construcción de una fortificación en la bahía de Santa Catalina. (Turismo Cádiz)

El objetivo era proteger uno de los sectores más vulnerables de la ciudad.

Y ese proyecto terminaría dando lugar a una de las grandes fortificaciones gaditanas:

el Castillo de Santa Catalina.

1598: comienza una nueva Cádiz fortificada

El año 1598 es fundamental.

Dos años después del ataque comenzó la construcción del Castillo de Santa Catalina.

La fortaleza fue proyectada por Cristóbal de Rojas y respondía a los principios de la arquitectura militar moderna.

Su planta estrellada no era un capricho arquitectónico.

Era el resultado de una nueva forma de hacer la guerra.

El castillo tenía varios frentes artillados y estaba diseñado para controlar el acceso desde el mar.

El Ayuntamiento de Cádiz indica que Felipe II ordenó su construcción en 1598 después del asalto de 1596. (Ayuntamiento de Cádiz)

Y aquí aparece una de las grandes consecuencias históricas del saqueo:

una de las fortificaciones que hoy identificamos inmediatamente con Cádiz nació directamente como respuesta a aquel ataque.

De una muralla a un sistema defensivo

Pero Santa Catalina era solamente una pieza.

La lección de 1596 había sido demasiado clara.

Cádiz no necesitaba únicamente un castillo.

Necesitaba un sistema completo.

Había que defender:

Comenzó así un proceso que duraría décadas.

Se construyeron y reforzaron:

baluartes, castillos, baterías, murallas, fosos y otras obras de fortificación.

El propio Ayuntamiento de Cádiz señala que las consecuencias del ataque de 1596 contribuyeron a definir la posterior morfología de la ciudad mediante el establecimiento progresivo de baluartes defensivos y murallas. (Turismo Cádiz)

San Sebastián y La Caleta

Otro de los sectores que adquirió enorme importancia fue La Caleta.

La geografía de Cádiz tenía una particularidad.

No todos sus sectores eran igualmente fáciles de defender.

La Caleta constituía uno de los pocos lugares donde un enemigo podía intentar desembarcar y desde allí amenazar directamente la ciudad.

Por eso, durante las décadas siguientes, se fue construyendo un complejo sistema defensivo.

El frente de La Caleta terminaría incluyendo:

El Ayuntamiento de Cádiz identifica este conjunto como uno de los principales frentes de fortificación de la ciudad y señala que protegía uno de los escasos accesos marítimos a Cádiz. (Ayuntamiento de Cádiz)

La Cádiz que conocemos hoy comenzó a tomar forma precisamente en esta época.

San Lorenzo del Puntal: otra víctima de 1596

El ataque también demuestra hasta qué punto era necesario proteger no solamente el casco urbano.

El acceso a la bahía era fundamental.

El Castillo de San Lorenzo del Puntal constituía una posición estratégica para controlar la entrada al interior de la bahía.

Su historia resulta reveladora.

Había existido un torreón defensivo anterior.

Fue destruido por Francis Drake en 1587 y reconstruido posteriormente.

Pero en 1596 volvió a sufrir la destrucción durante el ataque del conde de Essex.

Después fue reconstruido nuevamente entre 1607 y 1618.

Y todavía volvería a ser atacado y reconstruido posteriormente. (Cultura)

Esta historia muestra perfectamente cómo funcionaba la defensa de Cádiz.

Una fortificación podía ser destruida.

Se reconstruía.

El enemigo volvía a intentar atacar.

Se reforzaba.

La fortificación de Cádiz fue, por tanto, un proceso continuo.

El miedo a un nuevo 1596

Una de las consecuencias menos visibles del saqueo fue que desde entonces los responsables de la defensa gaditana tuvieron que pensar constantemente en una pregunta:

¿Y si vuelve a ocurrir?

La respuesta fue construir una ciudad mucho más difícil de conquistar.

El objetivo no era solamente resistir.

Era conseguir que el enemigo no pudiera desembarcar fácilmente.

Y si desembarcaba, impedirle avanzar.

Y si llegaba hasta las murallas, detener el asalto.

Y si intentaba bombardearlas, responder con artillería.

El sistema defensivo se convirtió progresivamente en una sucesión de obstáculos.

El nacimiento de la Cádiz amurallada

Por eso existe una relación directa entre el saqueo de 1596 y la imagen histórica de Cádiz como ciudad de murallas y baluartes.

Antes del ataque ya existían defensas.

Pero después de 1596 se produjo una transformación cualitativa.

La ciudad comenzó a ser concebida como una plaza fuerte moderna.

La arquitectura militar empezó a condicionar su crecimiento.

Las murallas definieron el espacio urbano.

Los baluartes determinaron dónde podía construirse.

Los castillos controlaban las entradas.

Los fosos separaban determinadas zonas.

Las baterías dominaban los sectores de posible desembarco.

Y la ciudad quedó cada vez más integrada en un sistema militar de enormes dimensiones.

El ataque también cambió la relación entre Cádiz y el mar

Existe una paradoja.

Cádiz debía su riqueza al mar.

Pero el mar también podía traer al enemigo.

La misma bahía que permitía comerciar podía convertirse en una vía de invasión.

El mismo Atlántico que conectaba Cádiz con América podía permitir que una flota enemiga apareciera frente a sus murallas.

Por eso, después de 1596, la ciudad tuvo que aprender a convivir con una doble realidad:

el mar era su riqueza y, al mismo tiempo, su principal amenaza militar.

Esta circunstancia explica la extraordinaria concentración de fortificaciones alrededor de Cádiz.

El saqueo que no terminó con Cádiz

Sería un error pensar que el ataque de 1596 destruyó definitivamente la ciudad.

Ocurrió exactamente lo contrario.

El saqueo fue una catástrofe, pero la ciudad se reconstruyó.

Y, además, comenzó una nueva etapa.

Durante el siglo XVII Cádiz recuperó progresivamente su actividad.

Su importancia comercial continuó aumentando.

La relación con América se hizo cada vez más intensa.

El puerto ganó protagonismo frente a Sevilla.

Y, mientras el comercio crecía, las fortificaciones también lo hacían.

El Ayuntamiento de Cádiz señala que durante el siglo XVII el puerto gaditano fue desplazando progresivamente a Sevilla en el comercio americano, favorecido por el mayor tonelaje y calado de los buques. (Turismo Cádiz)

Esto produjo una consecuencia lógica:

cuanto más valiosa era Cádiz, más importante era defenderla.

1596 y el futuro Emporio del Orbe

Hay una relación muy interesante entre este acontecimiento y la posterior grandeza comercial de Cádiz.

En 1596 la ciudad fue atacada porque ya tenía suficiente importancia como para ser un objetivo estratégico.

Durante los siglos XVII y XVIII esa importancia aumentaría enormemente.

A finales del siglo XVII, Cádiz sería descrita como “Emporio del Orbe”.

En el siglo XVIII, especialmente después del traslado de la Casa de la Contratación en 1717, alcanzaría el máximo protagonismo del comercio americano.

Pero todo aquel desarrollo tuvo una condición previa:

Cádiz debía poder defenderse.

El ataque de 1596 demostró que no podía hacerlo suficientemente bien.

La respuesta fue una de las mayores transformaciones urbanas y militares de su historia.

Las ruinas de 1596 se convirtieron en fortificaciones

Quizá esta sea la mejor manera de entender la importancia del saqueo.

Antes de 1596, Cádiz era una ciudad marítima de creciente importancia que necesitaba mejores defensas.

Después de 1596, la Corona comprendió que no podía permitirse que aquella situación se repitiera.

Y comenzó una gigantesca transformación.

Primero llegó Cristóbal de Rojas.

Después otros ingenieros continuarían sus proyectos.

Se levantaron fortificaciones.

Se reforzaron las existentes.

Se construyeron nuevos baluartes.

Se cerraron sectores vulnerables.

Se protegió La Caleta.

Se protegió el puerto.

Se protegió el acceso a la bahía.

Y durante los siglos XVII y XVIII el sistema continuaría evolucionando.

Una fecha que todavía puede leerse en la ciudad

Cuando hoy se recorren las murallas de Cádiz, los castillos de Santa Catalina y San Sebastián, los baluartes y las defensas de la bahía, estamos contemplando mucho más que arquitectura militar.

Estamos contemplando las consecuencias de una batalla ocurrida hace más de cuatro siglos.

El ataque de 1596 es uno de esos acontecimientos históricos que no desaparecieron cuando terminó la batalla.

Quedaron incorporados a la propia ciudad.

Quedaron en sus muros.

Quedaron en sus castillos.

Quedaron en su trazado urbano.

Y quedaron en la política defensiva de la Corona durante generaciones.

1596: el día que Cádiz aprendió que tenía que fortificarse

La historia puede resumirse en una secuencia sencilla:

Cádiz creció gracias al Atlántico.

El crecimiento convirtió a Cádiz en un objetivo.

En 1596 una gran escuadra anglo-neerlandesa atacó la ciudad.

La defensa resultó insuficiente.

La ciudad fue ocupada y saqueada.

La Corona comprendió que había que actuar.

En 1598 comenzó la construcción del Castillo de Santa Catalina proyectado por Cristóbal de Rojas.

Durante las décadas siguientes se multiplicaron las murallas, baluartes, castillos y baterías.

Y aquella transformación terminaría produciendo la Cádiz fortificada que conocemos.

El ataque, por tanto, no fue simplemente un episodio militar más de la guerra entre España e Inglaterra.

Fue un punto de inflexión en la historia urbana de Cádiz.

La propia ciudad de Cádiz reconoce que las consecuencias del ataque fueron determinantes para la posterior configuración de su sistema de murallas y baluartes. (Turismo Cádiz)

El saqueo de 1596 demostró la vulnerabilidad de una ciudad que se estaba convirtiendo en uno de los grandes puertos del Atlántico.

La respuesta fue construir una fortaleza alrededor de ella.

Y aquella fortaleza no se levantó en unos pocos años.

Durante los siglos XVII y XVIII, generación tras generación de ingenieros y trabajadores continuaron ampliando y perfeccionando el sistema defensivo.

Por eso, cuando contemplamos hoy Cádiz, podemos leer una parte de aquella historia directamente en sus piedras.

El Cádiz de las murallas nació, en buena medida, del desastre de 1596.

Y el Cádiz que posteriormente llegaría a ser uno de los grandes emporios comerciales del Atlántico necesitó primero convertirse en una de las ciudades mejor defendidas de la costa española.